A UN ESTUDIANTE CAÍDO EN EL FRENTE DEL ESTE EN 1941

No vivió muchos días, pero sí grandes días.

Coleccionaba tardes silenciosas,

altas noches serenas,

sueños de niño que ha crecido de pronto

y no sabe qué hacer con tanta vida.

Los frutos caen cuando están maduros.

Él cayó antes de tiempo, pero a tiempo.

Sus vacaciones nunca terminaron.

No había cumplido veinte años. Nunca

enganó a una mujer,

delató a un compañero,

cerró las manos con codícia,

suspechó que sus padres le mentían,

que las palabras más hermosas

-- patria, Dios, destino, sacrifício --

eran sólo coartada de canallas.

Ya es leve tierra en dura tierra ajena.

Ninguna tierra fue dura para él.

Donde él estaba, estaba el Paraíso.

Si le queríais, no lloréis:

sonreíd como él sonreía

cuando una bala, piadosa, lo encontró.

 

José Luis García Martín

publicado por RAA às 14:47 | comentar | favorito