MUY CERCA DE VIA VENETO

Ni las tercas ruinas ni el gastado

esplendor, ni la púrpura o el mármol,

herencia fastidiosa de los siglos,

han de permanecer en la memoria.

 

La roja y fresca invitación de un puesto

de sandías, alguna fuente indigna

de la inmortalidad da las postales,

la matinal sonrisa de la luna,

los libros que vendían en un puente

custodiado por ángeles, los sabios

labios de aquella prostituta

muy cerca de Via Venetto, el mendigo

que nos miró con el desdén de un príncipe...

Tal es, oh Roma, el don que me has dejado.

 

José Luis García Matín

publicado por RAA às 16:38 | comentar | favorito